Aplanar calles, pensar qué vas a hacer de tu vida, cuadras y cuadras, el parque Kennedy, con los audífonos inoculados, la música marcando el ritmo de lo que ves y de las secuencias que pasan frente a ti: la realidad. Gente caminando. Un coche bomba estallando en tus narices y la sangre tiñendo las pistas y veredas; las sirenas siempre tarde. Caminabas esperando que sucediera algo más que bombas. Pero solo ocurrían atentados, apagones, sirenas, balas. Soñabas encontrarte con chicas a las que no debías explicaciones y no te preguntaban de tu vida o de tu trabajo o de por qué vivías solo. Soñabas que vendías todo lo que había en la tienda y te largabas con la plata donde nadie pudiera encontrarte. Caminabas esperando que sucediera algo. Caminabas para olvidarte un poco de ti mismo. Luego llegabas a tu cuarto, veías las noticias o alguna serie estúpida, comías cualquier porquería y te dormías de a pocos, sin que lo vayas sabiendo, casi muriéndote, para mañana comenzar todo de nuevo.
sábado 21 de marzo de 2009
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