Un día se le ocurrió a mi padre disparar a mi madre cuando yo tenía seis meses y estaba todavía encogido en su vientre. Cuando tenía diez años, me caí de cabeza de un árbol. Otro día me atraganté con un chicle por reírme de una vieja que se cayó en una escalera y casi me ahogo. Tropiezo con la mampara de la sala y me voy de bruces y rompo el vidrio y me corto la mano y la frente y me ponen cinco puntos en el cuello cerca de la yugular. Otro día estalla un coche bomba en Tarata y me destroza de pasada la tienda donde trabajaba.
sábado 21 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



Tener tan mala suerte y sin embargo vivir para contarlo, es lo que yo llamo tener buena suerte!
ResponderSuprimir