martes 24 de marzo de 2009

XI

Del otro lado de la noche vienen los días pasados como hormiguitas hacendosas. Del otro lado de la noche te encuentras con tus muertos y respiras tranquilo. No hay infancia que permanezca de colores para siempre. Alguna vez te permiten oler el perfume de las estrellas y caes rendido como si estuvieras muriéndote. Pero solo llegaste a rozar la eternidad y ni te enteras de los muertos que pasan a tu lado sonriéndote. De algo servirán las palabras que se cruzan.

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