Escuchaste The Clash y algún grupo subterráneo y creíste que ya podías levantarte en armas y hacer la revolución. The Clash no tocaría ni una pistola de agua. Te lo puedo asegurar. Nadie daría un céntimo por tus sueños después de las tres. Una mujer a tu lado y simplemente decirle buenos días al día siguiente. Había aprendido a esperar, a que el verano se fuera y a que el invierno llegara. Pienso en una botella flotando en el mar, sin ningún mensaje que ofrecer a cien mil náufragos de un país y eso te dará una idea de lo que soy. Soy el agua de mar encerrada en la botella. No te confundas. Soy esa agua arenosa y no la botella. Rompe la botella y deja que vuelva al mar de mis amores. Entonces te podré conceder todos los deseos que quieras o sólo tres. Para que sigas aferrado a tus padres, a tu esposa, a tus hijos, a tu trabajo, a tus estudios, a tu jubilación, a tus fines de semana, a tus amantes, al cigarrillo, al troncho, al pisco, a la chela, a la televisión, a tus supermercados y a todo lo que te hace sentir vivo.
viernes 27 de marzo de 2009
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