Me imaginaba arrojando miles de cartas preguntando por ella, inundando la ciudad hasta oscurecerla y adelantando la noche para que de algún modo brillara alguna estrella o iluminara el alma de un borrachín dormido. Un cuarto y una caja donde estaban mis discos y otra caja para los videos. Un pequeño estante donde tenía algunos libros y, encima, un par de fotografías. Solo eso. El cielo raso descascarado: el verano se iba y comenzaba el invierno. Volvía el verano.
viernes, 27 de marzo de 2009
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