Era extraño soportar cosas tristes como su ropa y sus tonos y sus jarras de sangría y sus chicles y salgamos del telo y déjame en mi casa y mañana nos vemos mi amor con mirada esquiva como una gran mentira. Eso. Y caminar de regreso. Inocularme los auriculares en las orejas para acallar las palabras que se quedan y que sobran y, en fin, conformarme y sentirme fresh conmigo mismo, desgraciado infeliz, ahí, a la vuelta de la esquina.
Cuando visito a mi padre, él siempre está esperándome. Nunca me había esperado para nada, pero ahora sí lo hace.
Algunas veces las vendedoras de la Galería se veían en los ojos del resto, pero las mentiras cruzaban el cielo para irse lejos, muy lejos.
Igual te puedes topar con muchachas que miran siempre sus relojes como esperando a alguien.
Galerías Demoda es un túnel de almas baratas y de espejos brillantes. Pero nunca nadie sabe cómo ni cuando llega la muchacha de tus sueños
“Oiga, qué le pasa, atienda, carajo”.
Finalmente, nada acabó por ser mío más que el deber de ser mejor que mi padre.
viernes 3 de abril de 2009
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