Nunca sabes si lo que encuentras te va a llevar donde quieres. Las oportunidades aparecen y desaparecen cuando menos lo piensas. Las promesas de amor van y vienen y de vez en cuando se quedan congeladas por ahí. Si fueras un fugitivo, no esperes que te capturen vivo ni que ofrezcan recompensas. Solo te soltarían los perros para que nunca esperes más de lo que crees. Cada madrugada sales de una borrachera o de un hostal y ni siquiera te despides para morirte. El viento mueve las cortinas, la mujer suspira a tu lado. Te quedas esperando que suceda algo, pero no bien empieza, ya estás derrotado porque sabes que todo va a ser igual. Hay que hacer el cuadre: detrás de la caja registradora, se acumulan los billetes con las figuras de Valdelomar, Porras, Quiñónez, aviones de cabeza, lagunas de huacachinas. Luego de mostrar las camisas y las chompas hay que guardarlas debidamente en sus bolsas y meterlas en sus casilleros con sus respectivos códigos. Un hombre se aferra desesperadamente a la baranda de un puente, pero las sombras golpean los dedos del hombre que termina cayendo y cayendo 200 metros para no volver a levantarse más.
sábado 4 de abril de 2009
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