domingo, 19 de abril de 2009

Mirar atrás es lo que alimenta el tiempo una y otra vez. Menos aferrarnos a sueños que ya fueron. Quién sabe si más difícil es atravesar el cielo que el infierno. Tumbarte en la cama sin saber que es tu vida la que lames de a pocos como un perro hambriento. Pero el tiempo es de largas manos y debes moverte de prisa. Quiero ser famoso y aparecer en las portadas de revistas como cualquier cantante de rock. Estar lleno de vida y aprender a reírme de la muerte como Clint Eastwood en un spaghetti western. Bailar un pogo con mi sombra en un día soleado y sobre las tumbas de quienes nadie viene a ver. Olvidar que alguna vez teníamos que mirar atrás y que las huellas las borró el viento que viene de alguna parte. Si alguna vez vienes y me llevas de la mano, hazme recordar que las ilusiones son lo que son. Quiero ir donde alguna vez fui feliz, pero me tienes que ayudar a descubrir donde fue eso para no llegar tarde y me cierren las puertas en la cara. Siempre hay alguien que te espera en algún lado. Eso es lo que parece. Entonces no me importaría si es el cielo o el infierno. Solo una forma de vivir o morir. Lejos y a destiempo de los días por venir. De vez en cuando merecemos un rato de libertad. La canción que escucho dice cosas sobre mi vida y no estoy muy a gusto. Tómate de mi mano y te ayudaré a pasearte entre los vidrios que dejó el último atentado de los ochenta. Hubo muchos muertos esa vez pero tu corazón no ha quedado tan astillado como el mío, preciosa. Si olemos a pólvora no es culpa nuestra, mi amor. Si no nos sentimos parte de esta guerra, son otras nuestras deudas, pérdidas y riquezas. Nadie sabe si alguna vez nos arrepentiremos. Pero cuando llegue ese día estaré tan ocupado de los males de la vejez, que ni me acordaré. Hubo muchos muertos por dios. Pero las lágrimas no surcaron mi rostro salpicado de sangre. No tengo qué ofrecerte, pero puedes tomarlo. Cuando vuelvo a aferrarme al micrófono las paredes caen a mis costados y me siento muy famoso. El instante de gloria que todo hombre necesita. Luego vuelve la soledad como un tic tac. Mientras, susurras las viejas canciones que te piden a gritos. Agachas la cabeza como queriéndote cubrir con las cuerdas de la guitarra Fender. Mis canciones se quedarán aquí conmigo o en el aire. No me preocupo si las editan o no. Prefiero lanzarlas al aire para que la coja el que quiera y empezar de cero como si no hubiera nada atrás.

jueves, 16 de abril de 2009

XXVII

Mi padre hacía 35 planchas y 95 abdominales. Cuando mis abuelos lo hicieron postular al Leoncio Prado no podía ni agacharse. Todo para no ingresar a un colegio de cachacos. Siguió su camino como una bala perdida, como la que taladró su sien treinta años después. A veces mi madre me iba a recoger a mi colegio de primaria y los hombres le silbaban. Tenía un cuerpo excepcional y trabajaba en una peluquería de Lince. Una vez me dijeron que era mejor correr como boxeador. Es decir, nunca debías abrir la boca. Tenías que respirar por la nariz. Y es así como lo hago. A un buen ritmo. Controlas mejor la respiración y te cansas menos. Otra vez me dijeron que era mejor no mirar hacia el horizonte sino siempre al suelo. Nunca recuerdas quién te dice todas esas estupideces, pero haces caso. Solo piensas en la respiración y en el ritmo de los pies. Nunca llegas a ningún lado y las calles están remolonas y en silencio por la madrugada. También puedes escuchar el sonido de las hojas de los árboles o los gorjeos de las aves. Te olvidas de todo. De un lado para otro, vas recogiendo tus pasos en esta ciudad con tufo de muerte y no tienes por qué dar explicaciones a los fantasmas que sonríen tras los árboles.

lunes, 13 de abril de 2009

XXV

Esta noche no bajarás las estrellas a nadie. Esta noche agarrarás el timón y te recursearás haciendo taxi. Ves una mano y quedan en la tarifa. El tipo del asiento trasero no abrió la boca más que para escupir la dirección donde iba y el okey cuando le dijiste el monto. No te parece mal que no hable, sino que ponga esa cara como si no existieras y solo fueras un letrero de taxi. Hay gente que habla demasiado: pueden expulsar palabras como conejos sacados de un sombrero negro. Palabra tras palabra de cualquier cosa que haya en el aire. No me interesa si el presidente disolvió el congreso o no. Tampoco si Universitario ganó a Alianza o viceversa. O si la humedad te mata. Porque de eso es lo que hablan y de muchas otras cosas estúpidas. Solo me importa un precio justo y un tráfico mesurado. Pero el que me ha tocado esta noche de estrellas es un tipo calvo y con la lengua metida hasta el fondo del culo. Así está bien. Pero sería perfecto si no tuviera esa cara de mirarme como se mira el timón o la placa del auto.

jueves, 9 de abril de 2009

XXIV

La suerte tiene un parche en el ojo. Mira donde menos lo piensas. El cielo se abre como una cáscara de nuez y sale el sol para todos. Ni cuentas te das por donde vas. Las calles están vacías y el reguero de pólvora y sangre oscurece lo que está encendido. La mujer que está a mi lado me da otra oportunidad, pero sé que quiere hasta mi alma. Me pregunto si tendremos los mismos sueños y si tendremos a alguien que nos espere del otro lado y pueda encendernos una maldita luz. Sobre la mesa las botellas se han terminado pero el tiempo se va igual y el viento te sacude tan fuertemente que puedes llegar al otro lado. Nunca quisimos hacerle daño a nadie. Solo seguir la dirección del viento y abandonarse a las caricias y a las noches. Pero los pasos se mueven rápidamente: no cuesta mucho decir adiós en estos tiempos.

martes, 7 de abril de 2009

XXIII

Tú no sabes en qué momento te va a tocar un día fantasma. Los días fantasmas son los días y las noches en que estás muerto y no te has enterado. Son aquellos días en que pasas por un banco y llegas a tu paradero a esperar por el micro que te lleve de regreso a donde sea. Pero no te enteraste que han dinamitado el banco y tú eres una de las víctimas ensangrentadas y el cráneo destrozado. No entiendes. Sigues tomando tu micro para llegar a algún lado. El día fantasma te muerde pero estás anestesiado y ni sientes. Cruzas la pista y te atropella una combi que va a toda velocidad. Pero tú sigues subiendo las escaleras y tocando la puerta de tu casa. Sales de una fiesta en pleno apagón, se escuchan disparos cruzados entre la policía y los senderistas, corres más allá hasta que pase todo. Esperas y no ves el momento de contarles a tus amigos esta cosa de locos. Pero uno de los disparos calibre 22 ha ingresado en tu cabeza. Te enfundas en tu uniforme de policía y cuando llegas al cruce de Salazar y Unión para dirigir el tránsito, te disparan un balazo en la cabeza para quitarte el arma. Mierda de terrucos. Tú sigues sacudiendo tu mano derecha para que avancen unos autos. Acabas de poner la carga explosiva en una trasnacional, pero un soplo y los patrulleros rodean la zona. Tu otro compañero está parapetado en un muro disparando a los tombos hasta que cae herido mortalmente. La consigna del Partido es que por cada hijo de pueblo morirán miles del estado reaccionario. Los tombos se acercan a tu compañero tirado en la pista para confirmar si ha muerto. Te sorprendes que no se hayan dado cuenta de que estás al otro lado. Ahora deberás perderte unos días y salir de escena y seguir estudiando el pensamiento Gonzalo. Pero nadie se preocupa de ti porque ya estabas muerto cuando te equivocaste en algo y la bomba explotó contigo y la trasnacional. No vale la pena hacer planes para después porque las cenizas están en el aire y porque los días fantasmas son testigos de un mundo que se desmorona y solo es tierra de sobrevivientes.

sábado, 4 de abril de 2009

XXII

Nunca sabes si lo que encuentras te va a llevar donde quieres. Las oportunidades aparecen y desaparecen cuando menos lo piensas. Las promesas de amor van y vienen y de vez en cuando se quedan congeladas por ahí. Si fueras un fugitivo, no esperes que te capturen vivo ni que ofrezcan recompensas. Solo te soltarían los perros para que nunca esperes más de lo que crees. Cada madrugada sales de una borrachera o de un hostal y ni siquiera te despides para morirte. El viento mueve las cortinas, la mujer suspira a tu lado. Te quedas esperando que suceda algo, pero no bien empieza, ya estás derrotado porque sabes que todo va a ser igual. Hay que hacer el cuadre: detrás de la caja registradora, se acumulan los billetes con las figuras de Valdelomar, Porras, Quiñónez, aviones de cabeza, lagunas de huacachinas. Luego de mostrar las camisas y las chompas hay que guardarlas debidamente en sus bolsas y meterlas en sus casilleros con sus respectivos códigos. Un hombre se aferra desesperadamente a la baranda de un puente, pero las sombras golpean los dedos del hombre que termina cayendo y cayendo 200 metros para no volver a levantarse más.

viernes, 3 de abril de 2009

XXI

Era extraño soportar cosas tristes como su ropa y sus tonos y sus jarras de sangría y sus chicles y salgamos del telo y déjame en mi casa y mañana nos vemos mi amor con mirada esquiva como una gran mentira. Eso. Y caminar de regreso. Inocularme los auriculares en las orejas para acallar las palabras que se quedan y que sobran y, en fin, conformarme y sentirme fresh conmigo mismo, desgraciado infeliz, ahí, a la vuelta de la esquina.
Cuando visito a mi padre, él siempre está esperándome. Nunca me había esperado para nada, pero ahora sí lo hace.
Algunas veces las vendedoras de la Galería se veían en los ojos del resto, pero las mentiras cruzaban el cielo para irse lejos, muy lejos.
Igual te puedes topar con muchachas que miran siempre sus relojes como esperando a alguien.
Galerías Demoda es un túnel de almas baratas y de espejos brillantes. Pero nunca nadie sabe cómo ni cuando llega la muchacha de tus sueños
“Oiga, qué le pasa, atienda, carajo”.
Finalmente, nada acabó por ser mío más que el deber de ser mejor que mi padre.